
Su obra surge de una relación física con el dibujo y la pintura, de la necesidad de registrar gestos, vibraciones y tensiones internas a través del color, la línea y la textura. Suele trabajar con rotuladores, marcadores acrílicos y técnicas de impresión experimentales, superponiendo trazos hasta formar imágenes densas y abstractas que resultan a la vez emotivas y arquitectónicas. La superficie se convierte en un receptáculo de fuerzas invisibles: ritmo, memoria, resistencia y fragilidad.
En los últimos años, se ha centrado en explorar cómo estos gestos internos interactúan con el entorno. Le atrae la idea del dibujo como un acto corporal que escucha el espacio, absorbe la intensidad del momento y permite que la intuición guíe la mano. Su investigación actual amplía su práctica artística hacia formas más procesuales y específicas del lugar, que incluyen materiales naturales e instalaciones abiertas. Le interesa la frontera porosa entre el cuerpo y el paisaje, y cómo un dibujo puede ser moldeado no solo por la intención, sino también por el clima, el suelo o el azar.
Concibe su propia práctica como un diálogo constante entre superficie y sensación, estructura y colapso. Cada obra es un registro de atención e inestabilidad, un frágil sistema de signos, siempre al borde de disolverse o transformarse.
Filip estará de residencia en mayo de 2026.

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